AlertArt - Venta de Arte Argentino y Latinoamericano.

Ver otros Artistas

Claudia del Río

Biografía de Claudia del Río
Claudia del Río nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1957.

Siguió estudios de teatro y pintura, hasta recibir la licenciatura en Artes Visuales, en la Escuela de Bellas Artes de la U.N.R., donde enseña desde 1982.

En los 80 trabajó en circuitos llamados alternativos, en mail-art, performances y ediciones.
En 1994-95 fue seleccionada para el Programa de Clínica de Obra, a cargo de Guillermo Kuitca, organizado por Fundación Proa.

En el año 2000, invitada por Trama, Rain (Red de Iniciativas Artísticas), conduciendo la experiencia con becarios en Rosario.
Desde 2001, participa como artista invitada en el Programa de Encuentros Regionales de Producción y Análisis para Artistas Visuales, organizados por Fundación Antorchas junto a Instituciones asociadas de todo el país.
Es co-fundadora del Club del Dibujo.

En junio de 2004, artista residente en Arteleku, San Sebastián, España.

Actualmente vive y trabaja en la ciudad de Rosario.
Por Reinaldo Laddaga - Rosario, Julio de 2002
Obsesión de las redes en la obra de la artista. Es como si, antes del territorio estable, de la solidez del suelo, hubiera, para ella, los enlaces variables de las redes, las comunicaciones anárquicas entre seres que nada, diríase, vincula. Todo, en la universal semejanza que se despliega en el mundo de sus invenciones, se vuelve, de algún modo, anónimo: antes de las figuras estables, hay la circulación de mil partes sin nombre.

Es preciso aproximarse. Alcanzar la mayor proximidad con cada uno de los nudos que se acumulan en esas redes. Seguir las vías que vinculan esos nudos.

Porque es en la proximidad que se advierte, en cada nudo, una multitud de apariciones, y, en cada una, multitudes de ocasiones de placer y desconcierto. Allí es donde se exponen los secretos. En la proximidad y en la paciencia.

Joyas de la pobreza son un poco todos los trabajos de Claudia del Río. Joyas como las que obstinadamente describen algunos de los libros últimos de Néstor Perlongher.

Cinco espaldas cerradas. Noventa y tres rostros de mujeres. Mil pequeñas píldoras donde se inscriben números. Edificaciones de líneas que se deshacen. Boxeadores adornados. Construcciones frágiles de copas. Telas delgadísimas bordadas. Mesas, lámparas, jarrones. Juguetes golpeados, jabones que no se gastan, intactas joyas. Trazados vacilantes en las pálidas paredes. ¿Qué es lo que vincula a estas manifestaciones?

Los días lentos. Las figuras atenuadas. Los collares que se forman. Las tardes que se apagan. Las redes que se tienden. Los tejidos que se anudan. Los instantes que se cuentan. Las cuentas que se desparraman. Las orfandades que se exponen. Los cuerpos que, en la luz familiar y escueta, se abandonan. Los perfiles que se desvanecen. Las fracturas reparadas. La paciencia y el cuidado. Todo esto se deja descifrar en ellas. Y un modo de extenderse en la duración, dejándola irse y celebrando su partida, dándole la espalda para que su trabajo se despliegue, componiendo espacios para su acumulación y dispersando todo lo que se acumula, exponiendo a la vez, en cada imagen, el ademán vago de un adiós y una incancelable permanencia.